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Escrito por Jennifer Pelegrin
Actualizado 6 de enero de 2026
Tabla de contenidos
Para entender por qué una empresa ofrece sus acciones al público por primera vez, hay que empezar por saber qué es una OPV (Oferta Pública de Venta). Es un proceso muy común en los mercados, pero a menudo se explica de forma confusa.
Sigue leyendo para que conozcas todos los detalles y el impacto real que tiene una OPV en el mercado financiero.
Puntos Clave
Una OPV es el punto de arranque de una acción en bolsa, no un valor ya rodado. Al principio todo se está ajustando y el precio todavía busca su sitio.
No todas las OPV se comportan igual. El interés inicial puede empujar el precio, pero después es el mercado quien decide si se sostiene o corrige.
Entender el contexto, precio de salida, lock-up, demanda real, suele ser más importante que intentar adivinar el primer movimiento.
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Una OPV es el día en que una empresa deja de ser privada y salta a la bolsa.
Para un trader, la OPV es el nacimiento de una acción. Significa que la compañía pone sus títulos a la venta al público por primera vez a un precio inicial. Es justo en ese momento que la acción comienza a cotizar.
Lo clave aquí es que no hay historial de precios, sino que el movimiento inicial en el gráfico depende totalmente del interés del mercado en ese momento y de la valoración que se le haya dado a la empresa en la salida.
En esta fase inicial, el trading es principalmente especulativo y se apoya en el flujo de oferta y demanda del primer día.
La razón más habitual es sencilla: necesita dinero para seguir creciendo. Salir a bolsa le permite captar capital sin endeudarse y usarlo para expandirse, invertir o reforzar su negocio.
También es una forma de dar salida a los accionistas que ya están dentro. Cuando la empresa cotiza, sus acciones pasan a tener un mercado real, con precios visibles y liquidez.
A eso se suma la visibilidad, ya que cotizar en bolsa pone a la empresa bajo el foco del mercado, con más seguimiento y más exigencia. Para algunos negocios, ese paso forma parte natural de su evolución.
Cada salida a bolsa responde a una situación distinta, y ese contexto suele decir mucho sobre lo que puede venir después en el precio.
Una OPV no es un evento puntual, sino un proceso que se desarrolla a lo largo de varias fases antes de que la acción empiece a cotizar. Todo está regulado y supervisado para que la salida al mercado se haga bajo unas condiciones definidas.
Una vez completado ese recorrido, la empresa pasa a cotizar y sus acciones se negocian como cualquier otro valor en bolsa.
Antes de salir a bolsa, la empresa tiene que dejar clara su situación y poner la información clave sobre la mesa:
Se revisan y auditan las cuentas.
Se recopilan los datos financieros y operativos relevantes.
Se elabora un folleto con información sobre la empresa, la operación y sus riesgos.
El folleto se registra ante el regulador, en España la CNMV.
Con el folleto aprobado, se define cómo se lanza la OPV al mercado:
Se valora la empresa según sus números y el interés esperado.
Se establece una banda de precios orientativa.
Se decide el reparto entre inversores institucionales y minoristas.
Se recogen las órdenes durante el periodo de colocación.
Una vez completada la colocación, las acciones empiezan a cotizar:
Se produce el primer cruce en el mercado.
El precio deja de estar controlado y pasa a moverse por oferta y demanda.
El volumen y la volatilidad suelen ser más altos al inicio.
El precio de una OPV no sale de una pantalla ni lo decide el mercado de golpe. Tampoco lo pone la empresa sin más. Normalmente lo fijan los bancos que coordinan la salida a bolsa, a partir de una valoración previa.
Esa valoración tiene en cuenta los números de la empresa y el interés que despierta antes de empezar a cotizar. Con eso se marca un rango orientativo y, según la demanda real, se ajusta el precio final.
La idea es que la acción llegue al mercado con un precio que permita negociación desde el primer día. A partir de ahí, el control desaparece y es el mercado el que manda.
En España, una OPV no puede hacerse de cualquier manera. Todo el proceso pasa por la CNMV, que es quien revisa que la información que sale al mercado tenga sentido y no falten datos clave.
Antes de la salida a bolsa, se comprueba sobre todo el folleto y la documentación de la operación. Eso no significa que la inversión vaya a salir bien, pero sí que el mercado parte con la información básica encima de la mesa.
Para quien invierte u opera, esta regulación marca el marco del juego. Define qué información es pública, qué plazos se siguen y bajo qué condiciones empiezan a cotizar las acciones de una OPV en el mercado español.
Aunque suelen confundirse, OPV y OPS no son lo mismo. La diferencia está en qué tipo de acciones se ponen en el mercado.
En una OPV, lo que se venden son acciones que ya existen. Pertenecen a la propia empresa o a sus accionistas y simplemente cambian de manos. El capital social no se modifica.
En una OPS, en cambio, se emiten acciones nuevas. La empresa amplía capital y entra dinero fresco en la sociedad, pero el peso de los accionistas actuales se diluye.
Dicho de forma simple:
OPV: Se venden acciones existentes.
OPS: Se crean acciones nuevas.
Cuando una empresa sale a bolsa en España, sus acciones pasan a formar parte del mercado bursátil regulado, como el mercado continuo, y quedan sujetas a las mismas normas de negociación y supervisión que el resto de valores cotizados.
Además, no todos los accionistas pueden vender desde el primer día. Fundadores, directivos o grandes inversores suelen tener un periodo de lock-up, durante el cual sus acciones quedan fuera del mercado.
Cuando ese bloqueo termina, suele ser un punto a vigilar, porque cambia el equilibrio entre oferta y demanda, aunque no implique necesariamente un movimiento inmediato.
Invertir u operar en una OPV puede resultar atractivo, pero también tiene particularidades que conviene tener claras desde el principio:
No hay histórico. La acción empieza de cero, sin niveles previos a los que agarrarse, y eso complica leer los primeros movimientos.
El precio suele moverse rápido. En los primeros días es normal ver subidas y bajadas fuertes, a veces sin demasiado orden.
El precio de salida puede no reflejar el valor real: En algunas OPV, el mercado ajusta el precio una vez empieza la negociación.
La información es limitada: El folleto aporta datos clave, pero la empresa aún no tiene un historial bursátil continuado.
El interés inicial puede diluirse: No todas las OPV mantienen el volumen o la atención pasada la salida.
El fin del lock-up puede influir en el precio: Cuando se liberan acciones bloqueadas, puede aparecer presión vendedora.
El contexto de mercado importa: En momentos de incertidumbre o con tipos altos, las OPV suelen recibir menos demanda.
Después de una OPV no hay un patrón fijo. Algunas acciones suben con fuerza en sus primeras sesiones, otras corrigen rápido y muchas entran en una fase de ajuste tras el ruido inicial.
En los primeros días suele pesar más el interés del mercado que los fundamentales. El volumen es alto, el precio se mueve con rapidez y cualquier noticia o expectativa puede amplificar los movimientos.
Con el paso de las semanas, el precio empieza a ajustarse al contexto general del mercado. No es lo mismo una OPV en un mercado alcista que en un mercado bajista, ya que el sentimiento general influye mucho en cómo se asienta la cotización.
Una OPV no se comporta como una acción con recorrido en bolsa. Al principio todo es nuevo: el precio, el volumen y el interés real del mercado todavía se están formando.
En ese contexto, conviene fijarse en cosas básicas:
Cómo entra el volumen en las primeras sesiones.
Si el precio se sostiene o empieza a corregir tras el arranque.
Qué ocurre cuando se disipa el ruido inicial.
Si hay fechas clave por delante, como el fin del lock-up.
Más que buscar movimientos rápidos sin contexto, entender qué tipo de acción es y en qué fase se encuentra suele marcar la diferencia. En una OPV, el tiempo y el mercado suelen poner las cosas en su sitio.
Una OPV marca el inicio de una nueva etapa para una empresa y también un punto de partida distinto para quienes siguen su acción en el mercado. No es solo una salida a bolsa, sino un proceso con reglas propias y con dinámicas que no siempre se parecen a las de valores ya consolidados.
Entender qué es una OPV, cómo llega una acción al mercado y qué factores pueden influir en su comportamiento ayuda a leer mejor lo que ocurre desde el primer día. A partir de ahí, será el mercado quien termine de poner cada precio en su sitio.
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Una OPV es cuando una empresa pone sus acciones a la venta en bolsa por primera vez. Desde ese momento, sus títulos pasan a negociarse públicamente en el mercado.
Sí. OPV es el término en español e IPO es su equivalente en inglés (Initial Public Offering). Se refieren exactamente a la misma operación.
Depende de la oferta. Algunas OPV permiten participar a inversores minoristas y otras están más orientadas a inversores institucionales. Esa información siempre aparece en el folleto.
Porque empiezan a cotizar sin histórico. El precio se va ajustando sobre la marcha según entra dinero y se cruza la oferta con la demanda real.
En una OPV se venden acciones que ya existen. En una OPS se crean acciones nuevas y la empresa amplía capital. No es lo mismo vender títulos que emitirlos.
Es un periodo en el que algunos accionistas no pueden vender tras la salida a bolsa. Cuando ese bloqueo termina, el mercado suele vigilar por si aumenta la presión vendedora.
Jennifer Pelegrin
SEO Content Writer
Jennifer Pelegrin es redactora SEO con cinco años de experiencia escribiendo para sectores como las finanzas y la ciberseguridad. Está especializada en transformar temas complejos en contenidos fáciles de entender, ayudando a los lectores a comprender mejor la información.
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