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Este artículo aclara qué significa realmente “swap” en los mercados y por qué suele generar confusión. Por un lado, está el swap financiero, un contrato que usan bancos y empresas para gestionar riesgos de tipos de interés o divisa a largo plazo. Por otro, el swap en trading, que es simplemente el coste (o abono) diario por dejar una posición abierta de un día para otro.
Para un trader minorista, el swap no es algo que se opere, pero sí algo que se paga. Si mantienes posiciones varios días, puede afectar al resultado final aunque el precio vaya a tu favor. Entenderlo evita sorpresas y te ayuda a controlar mejor tus costes.
El término swap se usa mucho en los mercados, pero no siempre tiene el mismo significado. Para algunos traders es un coste nocturno; para otros un derivado financiero que usan bancos y grandes empresas.
En este artículo repasamos qué es un swap exactamente, cómo funciona en los mercados, y qué significa cuando aparece en una plataforma de trading.
Un swap financiero no es un producto de trading, sino un contrato para gestionar riesgos como tipos de interés o divisa.
El swap que ves en tu plataforma es un coste (o abono) diario por mantener posiciones abiertas, no un derivado financiero.
Si no operas intradía, el swap puede afectar al resultado final aunque la operación vaya bien en precio.
Un swap es un contrato entre dos partes para intercambiar pagos futuros bajo unas condiciones pactadas. No se compra ni se vende un activo en sí, sólo se intercambian flujos de dinero durante un periodo de tiempo.
En la práctica, se usa para gestionar riesgos como los cambios en los tipos de interés o en las divisas. Por eso es un instrumento habitual entre bancos, empresas y grandes inversores, no algo pensado para el trader minorista que opera a corto plazo.
En los mercados, los swaps no se usan para intentar ganar más dinero, sino para reducir incertidumbre. Sirven para cambiar cómo se comportan unos pagos futuros sin modificar el producto original.
Se utilizan cuando una empresa o una entidad tiene un riesgo que no quiere asumir, como subidas de tipos de interés o cambios de divisa, y prefiere convertirlo en algo más estable y previsible.
Aquí es donde el swap encaja mejor. Se usa para limitar el impacto de cambios del mercado que no dependen de ti.
Protegerse frente a subidas o bajadas de tipos de interés (muy habitual en préstamos ligados al Euríbor).
Limitar el riesgo de tipo de cambio en operaciones internacionales.
Estabilizar flujos de caja cuando hay ingresos o pagos variables.
Más allá de la cobertura, también se utiliza para mejorar la estructura financiera sin renegociar contratos.
Convertir pagos variables en pagos fijos para ganar visibilidad a largo plazo.
Ajustar calendarios de pagos a las necesidades reales del negocio.
Reducir el coste financiero total si las condiciones de mercado lo permiten.
Imagina una empresa en España con un préstamo a tipo variable ligado al Euríbor. Mientras los tipos están bajos, la cuota es asumible, pero el problema aparece cuando el Euríbor empieza a subir y cada revisión encarece el coste financiero sin que la empresa pueda hacer mucho al respecto.
En lugar de cancelar el préstamo o renegociarlo, la empresa firma un swap con una entidad financiera.
El préstamo original sigue exactamente igual, pero a través del swap se acuerda intercambiar los intereses variables por unos intereses fijos durante un periodo determinado.
Así, aunque el Euríbor siga subiendo, el coste efectivo queda estabilizado.
En este tipo de swap, una parte paga un interés fijo y recibe un interés variable, mientras que la otra hace justo lo contrario. No se intercambia el capital, sólo la diferencia entre ambos intereses en cada liquidación.
Si el Euríbor sube por encima del tipo fijo pactado, una parte compensa a la otra. Si baja, ocurre al revés.
El objetivo no es acertar la dirección del mercado, sino saber de antemano cuánto va a costar la financiación, algo clave cuando se trabaja con márgenes ajustados y horizontes largos.
No todos los swaps sirven para lo mismo ni se usan en los mismos contextos. En función de qué variable se quiera ajustar o neutralizar, el contrato se construye de una forma u otra.
Por eso, aunque el mecanismo de intercambio sea parecido, el resultado práctico cambia bastante según el tipo de swap.
Son los más habituales y los que concentran la mayor parte del mercado.
Interest Rate Swap (IRS): Se intercambia un tipo fijo por uno variable, normalmente ligado al Euríbor en Europa. Es el swap “clásico” para gestionar financiación.
Basis swap: Aquí no hay tipo fijo. Se intercambian dos tipos variables distintos, por ejemplo Euríbor a 3 meses frente a Euríbor a 12 meses, para ajustar descalces de referencia.
En estos swaps entra en juego el tipo de cambio, además del tipo de interés.
Permiten transformar pagos o deudas en una divisa distinta a la original.
Son habituales en empresas que facturan en euros pero se financian en dólares, o al revés.
En los cross-currency swaps, incluso se mezclan tipo fijo y tipo variable entre distintas monedas.
Existen swaps más específicos, pensados para necesidades muy concretas.
Swaps de crédito (CDS): Se usan para cubrir el riesgo de impago de un activo financiero.
Swaps de materias primas: Ligados a precios como petróleo, gas o metales (materias primas).
Equity swaps: Permiten exponerse a la evolución de un índice o acción sin tenerla en balance.
En trading, el swap no tiene que ver con el swap financiero. Aquí no hay contratos ni intercambios complejos, solo un ajuste diario por dejar una posición abierta.
El problema aparece cuando se confunden ambos conceptos y el coste llega sin esperarlo.
El swap nocturno es lo que te cobran, o a veces te pagan, por dejar una operación abierta al cierre del día. Es habitual en forex, índices y otros derivados, y está relacionado con los tipos de interés de las divisas o activos implicados.
Se calcula sobre el tamaño de la posición, no sobre el beneficio o la pérdida.
Puede ser positivo o negativo, según el activo y si estás largo o corto.
En España, suele verse reflejado en la cuenta justo después del cierre diario.
Aunque compartan nombre, funcionan de forma totalmente distinta.
El swap financiero es un derivado OTC entre dos partes para intercambiar flujos futuros.
El swap en trading es un ajuste diario aplicado por el bróker.
Uno se usa para cobertura y planificación financiera; el otro afecta al coste de mantener posiciones abiertas.
Un swap no es algo neutro. Mientras el mercado se mueve dentro de lo previsto, puede pasar desapercibido, pero si el movimiento se alarga o es más fuerte de lo esperado, el impacto se nota.
El problema es que ese riesgo no suele verse al principio. Se va acumulando con el tiempo, justo al revés de cómo suele operar la mayoría de traders.
El riesgo principal viene del mercado. Si los tipos de interés, la divisa o el índice se mueven en contra, el swap empieza a jugar en tu contra.
Además, al ser contratos OTC, existe riesgo de contraparte. No hay una cámara central que lo garantice y, si la otra parte falla, no se soluciona con un clic ni con un stop.
Los swaps financieros están pensados para gestionar estructuras, no para operar movimientos de precio.
No son flexibles ni fáciles de cerrar.
No permiten una gestión del riesgo rápida.
Exigen capital, horizonte largo y estabilidad.
Para un trader minorista en España, el swap no es algo que se opere, pero sí conviene entenderlo. Aparece cuando operas derivados o mantienes posiciones abiertas.
Tenerlo claro evita confundir un coste de trading con un producto financiero distinto y ayuda a entender mejor lo que está pasando en el mercado, sobre todo cuando cambian los tipos de interés.
El swap empieza a notarse cuando una operación se alarga más de un día. En forex o índices, ese coste diario se va sumando sin que siempre se vea al principio.
No decide cuándo entras, pero sí puede alterar el resultado final. Tenerlo en cuenta evita sorpresas innecesarias.
El swap es un término habitual en los mercados, pero su significado cambia según el contexto. Como derivado financiero, se usa para gestionar riesgos a largo plazo. En trading, en cambio, aparece como un ajuste diario que puede afectar al resultado de una operación si se mantiene abierta varios días.
Entender esta diferencia no es para operar swaps, sino para evitar errores comunes y tener más control sobre los costes reales de la operativa. En un entorno de tipos cambiantes, saber cómo funciona el swap ayuda a tomar decisiones más informadas y a operar con mayor criterio.
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En trading, el swap es, básicamente, lo que aparece cuando dejas una posición abierta de un día para otro. A veces te cobran, a veces te pagan, depende del activo y de los tipos de interés.
El swap financiero es un contrato entre dos partes para intercambiar pagos futuros. El swap nocturno, en cambio, es un ajuste diario que aplica el bróker.
Sirve para gestionar riesgos, sobre todo de tipos de interés o divisa. No se usa para especular a corto plazo, sino para dar estabilidad a pagos o costes financieros en el tiempo.
En la práctica, no. No están pensados para trading minorista ni para operativa diaria. Requieren capital, horizonte largo y una estructura financiera detrás.
No. Puede ser positivo o negativo según el activo, si estás largo o corto y los tipos de interés implicados. Lo habitual es que sea un coste, pero no siempre.
Cuando no operas intradía. Si mantienes posiciones varios días, el swap empieza a sumar y puede afectar al resultado final aunque la operación vaya bien en precio.
Jennifer Pelegrin
SEO Content Writer
Jennifer Pelegrin es redactora SEO con cinco años de experiencia escribiendo para sectores como las finanzas y la ciberseguridad. Está especializada en transformar temas complejos en contenidos fáciles de entender, ayudando a los lectores a comprender mejor la información.
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